viernes, 14 de agosto de 2009

Historia de vida: cómo superar adversidades y triunfar con el esfuerzo.


Tengo un amigo que es ciego. Fuimos compañeros de trabajo en un lugar que se llama "La Tarteria", de Mar del Plata, durante mucho tiempo. Donde yo trabajaba como jefa de la Pastelería haciendo tartas. Y él, Marcos Folgar trabajaba en administración.
Fue un gran conpañero. Siempre nos reimos de nuestros problemas, el porque era ciego, y yo por mi hipoacusia. El siempre tenia la costumbre de hablar a mis espaldas, como sabia bien que yo sin leer los labios no entiendo nada, y yo, tenía la costumbre de aparecerme de improviso, asustándolo.
Hoy vi un articulo que quiero compartir con ustedes. Esta publicado en infobae.com. Trata sobre la historia de vida, y las adversidades.

Marcos tiene 38 años y es ciego. Tras viajar durante ocho años 800 kilómetros todas las semanas desde Mar del Plata a La Plata para estudiar, se recibió y se casó. Tiene una hija, tres trabajos y fue premiado.

“Me gusta contar mis historia porque tiene un mensaje positivo”, contó Marcos Folgart y explicó: “A los 25 años quedé ciego por una infección en la vista. Esos casos que son uno en un millón me tocó a mí y tuve que encararlo con grandeza”.

En ese momento, ya se había recibido de Técnico Superior en Turismo, trabajaba en una agencia de viajes y había comenzado a estudiar Geografía como “hobby”. Pero cuando en agosto de 1996 quedó ciego, decidió abandonar todo para resolver como iba a seguir adelante ante el nuevo panorama que se le presentaba.

“Siempre me gustó mucho la radio y empecé con un programa de radio de turismo y a partir de esto empecé a meterme en los medios. Uní las dos cosas que más me gustaban”, aseguró.

Sin embargo, no estaba del todo satisfecho y sintió necesario comenzar a estudiar la Licenciatura en Comunicación Social para seguir inmerso en los medios. Si bien en Mar del Plata tenía la posibilidad de realizarlo en dos universidades privadas, Marcos consideraba que no era suficiente y decidió hacerlo en la Universidad de La Plata.

“Mi planteo cuando quedé ciego fue ‘Marcos seguís siendo el mismo, lo único que cambió es que sos ciego’. Yo me planteé que siga siendo el mismo”, recalcó y agregó: “Hay un término que se llama resiliencia, es la fuerza interior que todos tenemos y que aflora en un momento de adversidad. Yo debo haber tenido mucha resiliencia”.

Pareciera que la ceguera para Marcos lejos de convertirse en una limitación, le dio el impulso para ir por más. Se casó con su novia (con quien salía desde un año antes de perder la vista), tuvo una hija y si hay algo que no le falta es el trabajo.

Durante ocho años viajó 800 kilómetros por semana. Se iba a las 12 de la noche para llegar a las 4 de la mañana, hacía tiempo en lo de unos amigos hasta que a las 8 comenzaba la cursada. Daba todas las materias posibles en un día y llegó a cursar hasta 10 horas seguidas para poder estar cuanto antes en Mar del Plata ya que, además, tenía que trabajar. “Sólo me podía tomar un día”, explicó.

“En la carrera fui avanzando de la mano de la tecnología. Tengo una amiga que fue como mi guía, que me leyó el 80% de mi carrera para estudiar. Me lo leía, me lo grababa en casette y después lo escuchaba en grabador. Lo memorizaba o lo pasaba a otro casette como un resumen. Después se fueron digitalizando los textos en mayor medida y fui leyendo textos en las computadoras por medio de un programa.

“En general, en ningún momento sentí ninguna discriminación, ni positiva, ni negativa, te trataban como uno más. Todo me costó en su justa medida como a cualquier persona”, aseveró.

Y consideró: “Después de quedar ciego yo seguí paseando con mi esposa, tuvimos una hija, sigo comiendo asados con mis amigos. A veces es la sociedad la que ‘discapacita’. Si vos me ponés un auto en la ochava, en la rampa, sos vos el que no permitís que me maneje libremente”.

Marcos también señaló que hay una especia de “tabú” con respecto a su ceguera. “Pasan mujeres por al lado y dicen ‘Ay pobrecito’, y yo tengo ganas de frenarlas y preguntarles ‘¿Por qué pobrecito?’”, cuestionó.

“Si me ofrecen cambiar mi vida por volver a ver, no la cambio por nada. Lo juro y lo perjuro. Ver no es la felicidad plena…”